
En los últimos tiempos hemos observado cambios en las visiones de gobierno, que pueden resumirse en dos proyectos con estilos, visiones e intereses distintos.
Lo que ha sido durante años la lucha de clases —y lo que podríamos llamar la explotación del «hombre por el hombre»— se actualiza en términos, pero al final sigue siendo lo mismo transformado.
Hace siglos, empezó con esclavos, principalmente de razas negra o indígena, sometidos a agresiones físicas, verbales y vejaciones, sino también a explotación laboral y comercialización como objetos.
Los caciques los compraban, los mantenían en condiciones paupérrimas, denigrantes e insalubres, e incluso abusaban sexualmente de ellos o de sus parejas. Así, acrecentaban su riqueza a costa del trabajo, la ignorancia y la impotencia de estos seres humanos.
Con el tiempo, los conceptos se suavizaron: de «esclavos» pasaron a ser «obreros». Esto implicó conquistas como la jornada de ocho horas, lograda con sufrimiento, sangre, persecución, cárcel, burlas y un dolor social inmenso.
Para los patrones, fue una derrota en su lógica explotadora.
Posteriormente se les empezó a nombrar trabajadores y en la actualidad colaboradores.
Aún en la actualidad, muchos siguen sin entender que una alianza equilibrada entre los factores de producción podría mejorar empresas y condiciones laborales para todos.
Las luchas siguen, lideradas por gente consciente que enfrenta ofensas de quienes ignoran la explotación laboral o gubernamental. Creen que los derechos «caen del cielo», pero son fruto de esfuerzo, dedicación, información,
concientizacion , organización traducidos en leyes y derechos laborales o constitucionales.
En esta lógica simple pero compleja, surge un ejercicio dialéctico constante:
- La derecha neoliberal promueve políticas privatizadoras, recaudación excesiva, manipulación mediante programas, gastos suntuosos, autoritarismo, represión y comercialización de la educación.
- La izquierda socialista busca garantizar derechos constitucionales, servicios públicos, educación gratuita, igualdad, participación ciudadana, transparencia y justicia social.
Ante el rezago histórico del país, era inevitable que Morena, al impulsar la Cuarta Transformación, aceptara actores con pasados cuestionables.
Pero es hora de poner límites: fortalecer la unidad bajo sus principios, congruencia en su línea programática y respeto a los estatutos.
Con mayoría legislativa, presencia en gobiernos estatales y locales debemos enfocarnos en resolver problemas olvidados junto a la sociedad.
Hacemos votos porque la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo mantenga su rumbo inicial y sostenga que «la unidad es la garantía del bienestar».
PD: No faciliten su sucia venganza al expresidente Carlos Salinas de Gortari, artífice del neoliberalismo más crudo en México.
Que su mención del FOBAPROA no distraiga: si quieren debatir en serio, exijan la salida de figuras como el exministro Zaldívar o la exdiputada Patricia Arismendi e Ignacio Mier cómplices de aquel despojo al pueblo de México.

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